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Domingo, 16 Marzo
de
José Vicente Ortuño
el dom 16 mar 2008 18:34 CET
Sábado, 3 Marzo
de
José Vicente Ortuño
el sáb 03 mar 2007 00:23 CET
Por tercera vez me han publicado un relato en web francesa INFINÍ, esta vez se trata de un relato inédito en español titulado "Rencontre à Venise" (Encuentro en Venecia). Ha sido traducido al francés por Pierre Jean Brouillaud: http://perso.orange.fr/jplanque/Rencontre.htm Estoy trabajando en una versión extendida “el montaje del autor”, que espero podréis leer en español dentro de poco. Martes, 20 Febrero
de
José Vicente Ortuño
el mar 20 feb 2007 00:38 CET
Leído en Planeta SF (http://ar.groups.yahoo.com/group/planetasf/ )
Sergio Gaut vel Hartman informa: Ediciones Desde la Gente de Buenos Aires ha aceptado mi proyecto de hacer una antología de cuentos escritos por miembros de nuestro taller, "Taller 7" y he estado trabajando intensamente en ello. La antología se llamará Desde el Taller y contiene 20 cuentos. Muchos de esos cuentos son de personas que forman parte de Planeta SF: Inma Rumbau, Sue Giacoman, Raquel Froilán García, Germán Amatto, Claudio Alejandro Amodeo, Claudio Biondino, Martín Cagliani, Eduardo J. Carletti, Hernán Domínguez Nimo, Ricardo Germán Giorno, José Vicente Ortuño, Juan Pablo Noroña, Saurio, Daniel Vázquez. El libro se presentará en el segundo semestre de 2007.
Ediciones Desde la Gente from Viernes, 16 Febrero
de
José Vicente Ortuño
el vie 16 feb 2007 17:29 CET
De nuevo he tenido la suerte de que la web francesa INFINÍ haya publicado otro de mis relatos cortos, se trata de "L'Enfant dans l'armoire" (El niño en el armario"). Podéis leerlo en: http://perso.orange.fr/jplanque/enfant.htm. Próximamente aparecerá publicado en Axxón, pero esta vez en versión original sin subtítulos. Domingo, 14 Enero
de
José Vicente Ortuño
el dom 14 ene 2007 18:38 CET
He tenido el honor de que la prestigiosa web francesa INFINÍ haya publicado uno de mis relatos cortos: Putrefacción ("Pourriture" en francés) http://perso.orange.fr/jplanque/Pourriture.htm. Putrefacción fue publicado en la Ficción Breve 15 de Axxón número 154 de septiembre de 2005. Lunes, 1 Enero
de
José Vicente Ortuño
el lun 01 ene 2007 18:18 CET
Año nuevo, blog nuevo. Vialibris emigra hacia un nuevo sitio, más fácil de manejar y con más servicios. Poco a poco irán apareciendo los comentarios que durante casi dos años he ido incorporando. Empezamos el año 2007 con un brindis por que haya paz y concordia entre todos los seres humanos y por el fin de las guerras, la miseria y las enfermedades. Por todas las buenas gentes que aman y respetan a los demás, por mis amigos y los amigos de mis amigos. ![]() ¡¡Salud a todos!!
Miércoles, 28 Diciembre
de
José Vicente Ortuño
el mié 28 dic 2005 01:26 CET
Pancho Cthulu y yo Mi vida con un monstruo Todo era tan bonito cuando me lo regalaron. Pensé emocionado que podríamos ser amigos, compartir nuestras aficiones y diversiones, formar una familia. Corrí a casa a presentarle a mis libros, mi gata, mi perro, mis DVDs. Le compré un precioso dormitorio juvenil, sí, ya sé que Cthulu no es un niño precisamente, pero me sentía tan alegre de tener a alguien con quien compartir mi vida. Esa fue la primera foto, nada más llegar a casa. Se le veía feliz, saltaba y trotaba por el pasillo curioseando por los armarios y cajones. Descubrí que le gustaban las palomitas de maíz. Pero esta mañana al levantarme lo he encontrado sentado en mi sillón. Se había comido mis magdalenas, mis galletas y el jamón de bellota que tenía guardado para navidad. Pero eso no es lo más grave. Lo peor es que se ha apoderado de todos los mandos a distancia. Hace zapping como un poseso. Pone mis películas en DVD apilándolas sin cuidado. Pone el equipo Dolby Sourround a todo volumen y los vecinos me han puesto una denuncia por escándalo público. Después sodomizó Niki, mi perro. Pero lo peor es que creo que le gustó, ahora se sienta a sus pies y a mi no me hace caso. También se ha apoderado de mi biblioteca y mis trofeos, maquetas y figuritas frikis. Luego se me bebe mi cerveza, sentado en la biblioteca vacía, eructando a ritmo de samba. ¿Qué puedo hacer?
Jueves, 15 Diciembre
de
José Vicente Ortuño
el jue 15 dic 2005 12:30 CET
¡INFORMACIÓN DÍGAME! (o un día en la vida de un funcionario) © 2005 José Vicente Ortuño Esta historia está totalmente basada en hechos y dichos reales, aunque la identidad de las personas ha sido preservada y algunos hechos ajustados para formar una historia casi coherente. 08:30 horas. Delegación de Defensa en Valencia. Centro de Reclutamiento. —¡Información dígame! —Dice el funcionario llevándose el auricular al oído. —Eh... Ah... Uh... ¿Es… Es el ejército? —dice una voz insegura. —Sí, aquí es —responde el veterano funcionario torciendo el gesto. —Verá... es que yo... Yo quería apuntarme a lo del ejército. “Otro bobo —piensa el funcionario—, ¡bien empezamos el día” —¿Conoce las vacantes que han sido publicadas? —continúa en tono profesional. —¿...lo cualo? —replica la voz insegura. —Las vacantes, las plazas... —indica el funcionario. —¡Ah... sí! Ya fui un día, antes de navidad —añade la voz balbuceante. —Pero eso era otro ciclo, ¿conoce las vacantes de este ciclo? —replica el empleado público manteniendo la compostura. —¡Yo quiero ir a lo de los caballos! —dice la voz cambiando de tema. —Actualmente en caballería no se usan caballos —informa pacientemente. —¿Ah... no? —responde sorprendido el interlocutor. —No, hace tiempo que fueron sustituidos por carros de combate. —¡Pues yo quiero ir donde los caballos! —vuelve a insistir el sujeto. —Le digo, que ya no se usan caballos en el ejército. —Pues ¡quiero hablar con el que más manda! “Lo clásico —piensa el funcionario soltando un suspiro mental—, siempre lo mismo, piensa que si habla con el jefe le informará mejor, ¡ignorantes!”. —Mi jefe le va a decir lo mismo, no hay caballos. —replica el funcionario y cambia el tono de la conversación— Oye ¿no te molan los tanques, tío? —Es que no tengo carné de conducir —responde el indeciso. —Es igual, allí te enseñan. ¿Te doy cita? Mañana mismo, si quieres. —¿Y qué hace falta? —Carné de identidad, título de Graduado Escolar... —Es igual..., ya llamo mañana —interrumpe la voz. —De acuerdo —el sufrido empleado público cuelga el teléfono poniendo los ojos en blanco. Mientras atendía el teléfono un joven de mirada ausente se ha sentado frente a su mesa y le tiende un puñado de papeles. —Que me dé cita —dice el joven. El funcionario recoge los papeles que le tiende y añade: —El D.N.I., por favor. —¿Eh? —¿Me dejas el D.N.I.? —No lo tengo. Pero tengo el permiso de la moto. —No me vale —responde el funcionario. —Es que no sé dónde lo tengo —indica el de la mirada ausente. El funcionario desiste y, confiando en que los datos con que el joven a cumplimentado los impresos sean ciertos, comienza la escribir en el ordenador. Mira el impreso y manteniendo el gesto impertérrito, se dirige a su cliente: —Te llamas Juan... ¿qué más? —Juan. —¿No tienes apellidos? —¿Eh? —¡Apellidos! —¡A sí! Giménez Pelufo. —Giménez con ge o con jota. —¿Eh? —Que si es Giménez con ge ó Jiménez con jota. —Con ge... no con jota... —Con jota. —Vives en la calle Submarino ¿número? —¿Lo qué? —¿Vives en la calle Submarino? —No... sí, sí. —¿Qué número? —Seis, no... siete. —Siete. ¿Código postal? —Eh... no sé. El funcionario, pacientemente saca un callejero de la ciudad, busca el código postal de la calle Submarino y continúa cumplimentando los datos del joven en el ordenador. —O... oiga —le interpela de pronto el joven de la mirada ausente. —¿Sí? —responde suspendiendo el feroz tecleado de datos. —¿Esta cita para qué es? El empleado público siente que pierde la paciencia y le dan ganas de darle dos bofetadas al sujeto que, con cara de bobo, permanece frente a él. Pero responde en tono firmemente profesional: —Está usted en el Centro de Selección y Reclutamiento, y esta cita es para hacer las pruebas de acceso para Militar de Tropa Profesional. ¿Ha venido a eso, no? El sujeto lo mira con la misma mirada que podría tener un cordero muerto y contesta: —S... sí. El funcionario pulsa la tecla F6 y comienzan a salir varias hojas impresas por la impresora. Las coge y le tiende una al cliente junto con un bolígrafo. —Firma aquí —señala el hueco en blanco donde pone “firma del interesado” y el nombre del mismo abajo. El “interesado” mira el papel como si nunca hubiese visto uno y dice: —¿Dónde? —Aquí —le responde poniendo el dedo en el espacio en blanco. El joven posa el bolígrafo justo en el punto que el funcionario ha señalado y con caligrafía temblorosa escribe: Juan. Luego le devuelve el impreso al funcionario. Éste, mientras tanto, le ha sellado otro de los impresos y le ha añadido una rúbrica. —Tienes cita para el día cinco —dice poniendo el impreso ante el cliente y subrayando con el bolígrafo la fecha y la hora—, a las 8:30 de la mañana... —¿No puede ser más tarde? —dice el joven. —No —responde rotundamente el empleado público. —Es que a esa hora estoy durmiendo. Si vengo más tarde no pasa nada. ¿Verdad? —suelta una risita estúpida. —Si no estás a la hora quedas rechazado. —Ah, vale. —Tienes que traer el DNI —continúa la explicación en tono rutinario—, el Certificado ó Título de Estudios... —¿Lo del colegio? —Sí. —No sé dónde lo tengo. —Pues ya te apañaras, si no lo traes quedas rechazado. El joven con la mirada de cordero muerto calla y el funcionario continúa su explicación: —Tienes que traer el DNI, el Certificado ó Título de Estudios y el Certificado de Penados y Rebeldes... —¿Lo qué? —El Certificado de Penados y Rebeldes —repite y le tiende un plano dónde se indica la situación del lugar dónde se adquiere dicho documento—, tienes que ir aquí con el DNI y te lo hacen. —¿Y no puede ser en mi pueblo? —Tú tráelo —exclama suspirando pacientemente—, sino quedas rechazado. —Ah, bueno, vale. —También tienes que traer un bolígrafo para rellenar los impresos, ropa deportiva para hacer las pruebas físicas, ropa para cambiarte y útiles de aseo, para ducharte después de las pruebas físicas... —Jeeee... —interrumpe el joven con una risilla de cabra— ¿Ducharse pa’ qué? El funcionario suspira. —Por comodidad y por respeto hacia las otras treinta personas que se examinan contigo. —¿Y dan toalla? —No, te acabo de decir que hay que traérsela de casa. —Ah, vale —dice el sujeto con otra risilla idiota. El paciente funcionario le entrega todos los impresos al joven de mirada de cordero muerto. —¿To’ esto es pa’ mí? —Si, todo —responde y observa desalentado como se marcha el aspirante a militar. Uuuuululululululululululu... Uuuuululululululululululu... Suena el teléfono de nuevo. Lo descuelga: —¡Información dígame! —Yo quería apuntarme —dice una joven voz femenina. —¿Conoces las vacantes? —Eh... Umm... Yo, es que ya estuve apuntada —responde la candidata a soldada—. Pero es que tenía el carné de identidad caducado. —Muy bien, deme el número del carné de identidad. —Begoña González. —El número del carné de identidad, por favor. —¡Ah... si... —se le oye rebuscar en las profundidades de su bolso, mientras continúa hablando—. Es que este número no me lo sé, como el carné es nuevo este número no me lo sé todavía —dice totalmente convencida. —El número del DNI es siempre el mismo —le informa el funcionario. —¿Eh? —Que el número del carné de identidad no cambia, es siempre el mismo, aunque se renueve el carné. —¿Ah, sí? —y añade en voz baja, apenas audible—: Ahora me entero. El funcionario reprime la carcajada y continúa la cita. Pasan unos minutos y el funcionario continúa con la redacción de un fax que, si no deja de sonar el teléfono, le va a durar toda la mañana. Uuuuululululululululululu... Uuuuululululululululululu... Interrumpe el teléfono de una vez más. Lo descuelga: —¡Información dígame! —Responde alargando la última sílaba. —¿Dónde llamo? —Usted sabrá. —Es que tengo una llamada perdida de ustedes. —Esto es la Delegación de Defensa, concretamente la sección de Información del Centro de Reclutamiento. —Huy... ¿Y qué quieren? —Y yo que sé, aquí hay al menos un centenar de personas. ¿No conoce a nadie aquí? —No. —Ah, bien. —Bueno, adiós. —Adiós —cuelga y vuelve al trabajo. Uno de los soldados le trae un nuevo cliente que, siguiendo las indicaciones del mismo, toma asiento frente al funcionario. —Me dejas el D.N.I., por favor. El sujeto escarba en los bolsillos del pantalón y arroja de forma chulesca una cartera mugrienta sobre la mesa. —Eso no es DNI. El carné de conducir no me vale —informa alejándose del pegajoso objeto. El personaje, un joven de entre dieciocho y veinte años, con el pelo en parte rapado, en parte despeinado caóticamente, lo mira sonriente; como perdonándole la vida. El curtido funcionario no se deja amedrentar y lo mira fijamente. —Eh... No lo tengo. Es que me lo robaron el otro día —responde algo más suavemente. —Pues el día de las pruebas tienes que traerlo —responde el funcionario. —¿Y por qué? —pregunta con cara de idiota. —Porque sino, no sabemos si eres tú ó es un vecino tuyo el que viene a hacer las pruebas. El funcionario, resignado, continúa rellenando las sucesivas pantallas de formularios en su ordenador. Al fin, tras hacer firmar al sujeto le explica: —Tienes que traer el DNI, el Certificado ó Título de Estudios y el Certificado de Penados y Rebeldes... —¿Eso qué es? —El Certificado de Penados y Rebeldes —repite y le tiende un plano dónde se indica la situación del lugar dónde se adquiere dicho documento—, tienes que ir aquí con el DNI y te lo hacen. Es para saber si has estado en la cárcel alguna vez. El sujeto cambia de color y se ve visiblemente nervioso. —También tienes que traer un bolígrafo para rellenar los impresos —prosigue el funcionario como si nada—, ropa deportiva para hacer las pruebas físicas, ropa para cambiarte y útiles de aseo para ducharte después de las pruebas físicas —se fija que el joven tiene pequeñas quemaduras en la ropa y añade sádicamente—. Para el análisis de orina no es necesario que vengas en ayunas. —¿Análisis, pa’ qué? —dice el sujeto poniendo cara de idiota. “¡Te pillé! —piensa el funcionario.” —Puro formulismo, es para ver si consumes algún tipo de droga —espeta con evidente regodeo. —Je, je,... —vuelve a cambiar de color—. No, no, yo no tomo nada, je. ¿Es necesario hacerlo? —Si, claro —continúa regodeándose sádicamente—, si te niegas quedas rechazado —y añade—: Hay gente que quiere hacer trampa y se traen la orina de otra persona metida en un condón o en una botella, pero los pillamos a todos. Hay que orinar delante de un soldado para comprobar que nadie hace trampa. El sujeto recoge los papeles y se m | |||
