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Ver artículo  Las Aventuras de Leonora

Hola, soy Leonora. Sí esa de la foto soy yo. No es que esté muy gorda, es que llevo en mis bolsas la comida para salir de excursión. Soy muy previsora y cuando me escapo de la jaula me llevo la provisión de comida, por si tardo en volver. Pero hoy no voy a terminar mi expedición escondida bajo el fregadero. Esta noche pienso hacer lo mismo que le he visto hacer al grandullón del pelo blanco y la barriga gorda, así que me he subido a su mesa y he encendido su ordenador. Acabo de leer su correo y he respondido suplantando su personalidad. ¡Ja, ja, ja, la cara que va a poner cuando vea la nueva premisa que he propuesto en su nombre en el Taller 7! Dice así:

“Escribir un relato de 500.000 palabras mínimo en el que el protagonista sea un protozoo homosexual con complejo de Electra. La acción transcurrirá en una mansión victoriana situada en el monte Olimpo de Marte en el siglo VII antes de Cristo. Uno de los personajes deberá ser un político incorruptible y deberá decir de forma justificada la palabra “austrohúngaro” al menos siete veces. La fecha tope para la entrega será el 9 de octubre de 1238.”

No está mal la broma ¿eh? Ahora voy a gastarle otra actualizando su blog. Estoy harta de leer sus comentarios literarios y las historias sobre cantamañanas. Lo que más me gusta es lo de las tertulias, pero más que nada porque se come muy bien, y si de algo entiende un hámster es de comida. Eso me recuerda que tengo que quejarme a Peloblanco de las puñeteras zanahorias. Él no lo sabe, pero son transgénicas y yo no estoy dispuesta comer porquerías que me puedan enfermar. Hablando de enfermedades… Tengo que reconocer que los grandotes se desvivieron con mi hija Ofelia cuando enfermó. Y la nota en su memoria que puso en el blog me hizo saltar las lágrimas. Son buena gente estos Grandotes, al menos los que no son cantamañanas ni lameculos, pero no distinguen una buena zanahoria de un engendro mutante clónico.

Los Grandotes son un poco… muy raros. Se pasan las noches durmiendo y durante el día no paran de molestar haciendo ruidos sin parar. Nos hablan, aunque creen que no les entendemos. Si al menos tuviesen una conversación interesante sobre física cuántica o la teoría de las supercuerdas… pero no, sólo dicen: “Hola bonita, ¿quieres salir de paseo?” y chorradas similares. ¡Pues claro que quiero ir de paseo, bobo! ¡Pero déjame a mano un buen libro y lárgate!Otra costumbre que me sorprende son los nombres. ¿Por qué se empeñan en ponernos un nombre en lugar de preguntarnos el nuestro? Por ejemplo: Ahora mismo no saben qué nombre ponerle al pequeño macho que vino después de morir Ofelia. Un día le dicen Chiquitín, otro Pitusín, Quarky, Enano Cabrón, Rocco Kabroncete, Rocco el Pajillero, etc. ¿Es que no saben que se llama Ambrosio? Yo sólo tuve que preguntarle. Claro que me respondió con una proposición indecente que me sacó los colores. ¡Qué se habrá creído, el muy salido onanista, yo soy una señora! Pero, volviendo a los nombres, en mi caso prefiero que me llamen Leonora, mi madre me puso Gumersinda y todavía no se lo he perdonado.

Me estoy dando cuenta de que es difícil ponerse a escribir cosas. Peloblanco se tira muchas horas mirando la pantalla y hurgándose la nariz. Luego hace pelotillas de mocos y las lanza al techo. ¡Menuda estalactita mucosa ha construido! Pero mejor cuento algo más interesante, veréis, hace unos días Peloblanco me sacó de casa y, después de ir encerrados en una caja de metal que se movía y hacía unos ruidos muy raros, me llevó a ver al otro grandullón, el del pelo largo y negro, que no tiene barriga. Estaba en un sitio con mucha luz, donde había mucha gente que al verme preguntaban sin parar: “¿Es un hámster?” Me hubiese gustado poder responderles en su idioma: “¡Es que no ves que sí, idiota!” Además de raros, tontos. Menos mal que luego me llevaron de vuelta a casa en la jaula rugiente. No estuvo mal del todo el paseo, vi muchas luces de colores. Cuando están de color verde la jaula corría mucho. Cuando estaban rojas se paraba, y cuando estaban amarillas corría más. No entiendo lo que significan. Peloblanco mientras tanto giraba una rueda y maldecía en varios idiomas modernos y un par de lenguas muertas. Eso tampoco lo entiendo. Lo más me gusta, además de escaparme por las noches, es cuando nos meten en las bolas de correr. Es muy divertido recorrer la casa chocando unos con otros y rebotando en las paredes. A los grandotes les encanta que los sigamos o que acudamos cuando nos llaman. ¡Son tan simples! A mi hijo Spoky y al Enano Salido les gusta mucho también pasear en las esferas, pero lo hacen para perseguirme a ver si me echan un polvo. Por eso chocan contra las paredes a toda velocidad para abrir la bola. De vez en cuando Spoky lo consigue, pero no lo dejan correr como a mí, aunque me ha contado que Peloblanco también lo llevó en la jaula rugiente por los sitios con luces. Pero como es un alocado no descubrió para qué servían. Si es que estos jóvenes piensan con las gónadas.

Bueno, mejor lo dejo ya, esto de escribir a dos patas es agotador. Además el Enano Pajillero me está tirando los tejos de nuevo y no deja que me concentre.Hasta otro día, que seáis buenos, muchos besos.


Leonora.


Ver artículo  Ofelia, in memoriam.

Ofelia era pequeña, peluda, suave; tan blanda por fuera, que se diría toda de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos eran duros cual dos pequeños escarabajos de cristal negro.

Se llamaba Ofelia, tenía seis meses de edad y era de color gris con unas bandas más oscuras en el cuello. Era un simple hámster, sin embargo, poseía su propia personalidad. Era un poco gruñona pero encantadora. Cuando me acercaba a su jaula me miraba con sus ojillos negros y movía su graciosa naricilla rosada haciendo oscilar sus bigotes, entonces, de alguna manera, me transmitía sus deseos: “Quiero galletas”, “Quiero salir a pasear en la bola” o “Sácame que quiero jugar”.

Durante sus escasos seis meses de vida nos alegró con su mal genio y sus travesuras, realizando a la perfección lo que mejor saben hacer esos adorables animalillos: acaparar comida, comer, dormir y jugar.Hace unos días se puso enferma y empezó a consumirse. Adelgazó hasta perder su adorable apariencia de bolita de pelo y perdió las ganas de jugar. La llevamos a varios veterinarios que le pronosticaron un tumor canceroso que acabaría con ella en pocos días. Una intervención quirúrgica podría alargar su vida si el cáncer no estaba demasiado extendido. El pasado miércoles la llevamos al veterinario para que la operase, pero fue imposible extraerle el tumor, que ya afectaba a todo el sistema digestivo, y hubo que dormirla para siempre.

Ofelia, siempre te recordaremos.

Ver artículo  La verdad sobre los Hamsters

Atención, a todos los humanos, esta es la verdad.

Los hámsters son extraterrestres que han venido a estudiar a la raza humana procedentes de otra dimensión, pero como son unos cachondos mentales se hacen pasar por mascotas. Su verdadero aspecto es el de centollos de tres metros de diámetro, pero gracias a un aparato llamado Constrictor de Materia, han conseguido reducir su tamaño y parecer adorables animalitos peludos de ojillos tiernos y comportamiento libidinoso. Su costumbre de acaparar comida de forma desaforada para luego esconderla los delata como lo que son, unos avaros de tomo y lomo. Su plan maestro consiste en esperar a que los humanos se maten unos a otros y así ellos se quedarán con el planeta. Para conseguirlo más rápidamente pretenden reproducirse de forma brutal, gracias a su libido superdesarrollada, e invadir todos los hogares del mundo. El mayor problema lo tienen en China y otros países asiáticos, en los cuales se comen todo bicho viviente, aunque científicos hámsters están desarrollando una solución, pero todavía no la han conseguido.

Por otra parte tienen que tener cuidado con otra raza, procedente del centro galáctico, que tiene los mismos planes. Su aspecto original es de babosas de cinco metros de color fucsia, pero pululan entre los terrestres disfrazados de abogados y políticos. Se les reconoce por su hablar engolado y su tendencia a lucir corbatas de colores chillones. El plan maestro de éstos es arruinar a los terrestres a base de pleitos e impuestos pero, a pesar de todo, los humanos, ignorantes de las terribles amenazas que se ciernen sobre ellos, viven despreocupados, es decir, preocupados por como pagar la hipoteca a 50 años y de qué manera se podrán comprar el Home Cinema para ver los próximos mundiales de fútbol.

Pero todos ellos ignoran que la peor amenaza procede de los Escritores Desconsagrados, procedentes de una dimensión paralela, que como una plaga de dimensiones bíblicas, invadimos las publicaciones con relatos que contienen mensajes codificados que inducen a las neuronas al suicidio. Nuestro plan, como no, es apoderarnos de la Tierra, pero tanto los humanos, como los hámsters y los abogados y políticos, perderán la masa encefálica convirtiéndose en zombis sin cerebro que trabajarán para nosotros.JA, JA, JA. (Risa sardónica con reverberación siniestra).

(El de las fotos es Spoky, es macho y un deportista consumado, se entrena todas las noches en su rueda durante más de seis horas).